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Podría hablarse de asentamientos humanos en el término de Torrejoncillo ya desde el siglo III a.d.C. gracias al descubrimiento en 1933, en la finca del Encinejo, de siete pequeñas figuras de bronce (cinco cabritillas, una cabeza de ese mismo animal y un jinete), exvotos vetones posiblemente dedicados a Ataecina, diosa de la noche cuyo culto, según parece, estaba muy extendido por esta zona.

Podría hablarse de asentamientos humanos en el término de Torrejoncillo ya desde el siglo III a.d.C. gracias al descubrimiento en 1933, en la finca del Encinejo, de siete pequeñas figuras de bronce (cinco cabritillas, una cabeza de ese mismo animal y un jinete), exvotos vetones posiblemente dedicados a Ataecina, diosa de la noche cuyo culto, según parece, estaba muy extendido por esta zona.

Por estar estos asentamientos situados cerca de la Vía Dalmática, es lógico que también se hayan encontrado huellas romanas: monedas, columnas, capiteles, canterías labradas, ladrillos, tégulas y algún resto de mosaico. Es bajo la dominación árabe cuando puede hablarse de verdaderos asentamientos en alquerías a base de chozas o bujíos de cabreros y vaqueros que terminaron agrupándose en el Val de la Jamarga en torno a un pequeño torreón, que daría nombre al pueblo, “torreoncillo”. Así nos lo certifica en 1674, Fray Francisco de Torrejoncillo, autor del libro “Centinela contra judíos”. Desde el nuevo emplazamiento, la Cruz de Lata, la población comenzó a extenderse hacia abajo de forma desproporcionada por tener que adaptarse a las necesidades ganaderas, originando un conjunto de calles estrechas y entrecruzadas propias de una estructura árabe que aún se conserva. Hasta 1227, fecha de la promulgación del Fuero de Coria y ya casi finalizado el proceso de repoblación, no puede hablarse de Torrejoncillo como lugar. Queda ligado a dos fuertes instituciones: la Diócesis y la Comunidad de la Villa y Tierra, ambas de Coria. Tal como reflejan las Relaciones Topográficas de Felipe II, Torrejoncillo conoce en este siglo XVI un gran resurgimiento económico y demográfico. Ya tiene dos ermitas más, San Albín y San Pedro y se lanza al gran proyecto de construir, bajo la dirección de Pedro de Ibarra, una nueva iglesia parroquial sobre la ya existente al sur, construcción que no finalizaría hasta siglo y medio después. El comienzo de la actividad textil que convirtió a esta localidad en el principal centro económico de la comarca superando ampliamente en población a la ciudad cabecera de la Comunidad. La industria pañera dio prosperidad a este lugar durante siglo y medio. El sistema de fabricación estaba basado en pequeñas empresas familiares que complementaban su labor con la agricultura. Por el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura (1791) sabemos que tenía “Casa-Ayuntamiento, Cárcel, Pósito y Alhóndiga, escuela conjunta, una más que regular iglesia, cinco ermitas, diez cofradías, once dehesas privadas y una boyal, tres molinos de aceite, buenas cosechas de trigo, centeno, garbanzos, aceite y vino “… y 4000 habitantes aproximadamente, 911 familias de las que ¡600! trabajaban en la manufactura de la lana. Por otra parte, la industria pañera entró en una grave crisis que conduciría lentamente, pero de forma segura, a su desaparición. De aquella floreciente industria textil quedaron edificaciones, máquinas viejas, herramientas en desuso… y numerosos obreros sin trabajo que vinieron a añadirse a los que se encontraban en las mismas circunstancias sufriendo las consecuencias de la desamortización de los bienes comunes. Tras la guerra civil y los años posteriores de penuria y hambre, Torrejoncillo supo una vez más resurgir de la desgracia, ahora gracias a la industria del cuero, muy pujante desde el siglo anterior. Fueron numerosos los talleres de zapatería en la localidad y muchos los empleados en este oficio en los años 40 y 50. El calzado elaborado en esta localidad gozó de gran prestigio, y sus zapateros, como antes los pañeros, se extendieron por buena parte del país y se exhibieron en las mejores ferias. La historia se repitió y fueron también casi idénticas a las de los paños las causas del fin de la industria del calzado. Y de nuevo la emigración, ahora al País Vasco, Cataluña o a países centroeuropeos. Como consecuencia, los 5514 habitantes de 1950 fueron disminuyendo en rápida progresión hasta finalizar el milenio con solo 3557 almas, incluyendo la pedanía de Valdencín, poblado creado con aquellos esperanzadores planes de regadío y colonización.

Puntos de interés

• Iglesia Parroquial de San Andrés.
• Ermita de San Sebastián.
• Ermita de San Antonio.
• Ermita de San Saturnino.
• Ermita de San Pedro.
• Ermita de San Albín.
• Cruz de la Calle Coria.
• Cruz de San Antonio.
• Torreón de la Dehesa.

Eventos y Fiestas

• La Encamisá (Fiesta de Interés Turístico Nacional).
• Romería de San Pedro.
• Festejos de Agosto.
• Feria del Caballo y la Artesanía.
• La Velá de San Sebastián.
• Los Carnavales.

Galería

Mapa


Ficha técnica

Comarca:  ADESVAL: Asociación para el Desarrollo del Valle del Alagón
Web:  http://www.torrejoncillo.es/
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